ID:   00000053

FECHA:   1884*

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RESUMEN:
Responde Alas a un juicio de Galdós sobre la primera parte de La Regenta. Añade juicios sobre otros autores y sobre el estado del teatro.

TRANSCRIPCIÓN:

Sr. Don Benito Pérez Galdós

Mi querido amigo: si Vd. recuerda lo que me decía en su carta de 24 de Febrero (y vayan fechas) no extrañará, recordando también lo que Vd. es para mí, que a estas horas esté el pobre Clarín entregado a la peor de las masturbaciones, que es la de la vanidad gozándose a sí misma. Como hay que decir la verdad siempre, declaro que lo q[ue] Vd. dice de mi novela me ha puesto más hueco que jamás pudo estar en mi vida el pobre Corradi (q. e. p. d.).— He recibido muchas cartas, algunas de personas cuya opinión es para mí[tachado] de gran peso, pero da la [felicidad] casualidad que aquel a quien yo considero en España como el mejor escritor (véanse casi todos mis artículos) y cuyo parecer vale para mí tanto como el de todos los demás juntos, es precisamente el que lleva más lejos sus alabanzas, hasta el punto de que yo tendría que creer que se estaba riendo de mí, si no fuera la ocasión como es. De engañarme Vd. a sabiendas no tendría perdón de Dios. Yo nunca le hice a Vd. mal para que ahora quisiera Vd. envenenarme con palabras de miel. Recuerdo a Vd. q[ue] lo que dice es muy fuerte, que emplea adjetivos orientales y que aquello de verse perseguido (¡Vd., Galdós!) por los personajes y sucesos de la Regenta puede ser bastante para entontecer a un novelista novel para toda la vida.
Yo rebajo todo lo que hay que rebajar, que es mucho, en atención al cariño con que Vd. me juzga y la simpatía del gusto. Pero así y todo resulta que o Vd. oculta la verdad a sabiendas o la primera impresión (Dios se la conserve) ha sido muy buena.
¿Cree Vd. de veras que no pierdo el tiempo haciendo libros de imaginación? — La verdad pura; si yo me llegara a convencer, lo que se llama convencer, de que a Vd. le ha parecido la Regenta, en total, la décima parte de lo bien que dice me tendría por suficiente y hasta excesivamente pagado; y aún en la duda me tengo. Suponiendo que no me engañe Vd. del todo, estoy archicontento, y desafío, con la mayor sangre fría, todos los alfilerazos de la gente menuda, en cualquier forma que se presenten, v. gr.: silencio estudiado, preterición provocativa, aprobación fría, elogios calurosos de lo peor y peros a lo menos malo; malas noticias etc. etc.
Se lo había dicho a Armando cien veces y es verdad como la muerte: yo escribo primero por escribir, después por ver si gusto a cinco o seis señores, especialmente a Galdós y Pereda, y singularmente a Galdós. Es claro q[ue] después me gustaría gustar a todos, hasta a mis enemigos, pero me contento con lo primero. 
También estoy muy satisfecho con lo que me han dicho de la Regenta Pereda, Campoamor, Menéndez Pelayo, Armando, Gz. Serrano etc.
El pobre Picón se ha portado conmigo como un caballero. Ha demostrado verdadera grandeza de alma. Yo no sé si podré pagarle en la moneda que a él más le gustaría, pero estoy seguro de que siempre le estaré agradecido.
Ortega Munilla como un bellacuelo. Me debe elogios excesivos. Yo los rescataré. 
Luis Alfonso tan fino y tan idiota como siempre, con su idealismo y su naturalismo, y la fiera independencia de no atreverse a hablar de mi libro... porque no quiere escribir. Pero al fin es persona decente.
Y otros... pero en fin, lo que Vd. dice ¡peleles! Veremos a ver lo que hacen después del 2º tomo. Mi situación, como autor, es peor que la de nadie. Mis enemigos pueden atacarme y mis amigos no pueden defenderme. Que Armando saliese en mi defensa sonaría a giro mutuo de aplausos, que otros me desprecien o me ataquen no suena a ruin venganza sino a legítimo desquite. Pero hasta ahora no ha atacado nadie, que yo sepa. En fin, basta de estas pequeñeces.
Conste que su carta me ha dado un día feliz. Ahora vengas penas. 
Figúrese con que placer recibiré esas otras cartas que me anuncia, en las que espero la sinceridad que promete y con ella censuras ineludibles, que sean como sean, si no son contradictorias, no podrán borrar la impresión de su carta primera. Por supuesto, que lo primero es q[ue] Vd. atienda a su trabajo y a su descanso, y aunque deseo mucho lo que me promete, prefiero esperar yo a q[ue] Vd. retrase su obra o se moleste escribiéndome después de trabajar, o robando tiempo al descanso. La vanidad no me hace tan egoísta como todo eso.
Con gran afán espero Lo Prohibido [subrayado] q[ue] según Pereda tiene dos tomos. Recibí ayer Sotileza; aún no he podido leer nada.
Armando sé q[ue] va a publicar pronto José.
El teatro muerto en verdad; pero conste que se suicida y se suicida como una costurera: encerrándose con un brasero... Le mata el humo de carbón de madera... es decir de cosa quemada dos veces; romanticismo recalentado. Y además una tendencia ridícula a un realismo absurdo.
Muy agradecido le está por el mucho bien que le ha hecho su carta, su admirador más entusiasta y su fiel amigo

Leopoldo Alas –

(*) probable